Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Miercoles, 20 febrero, 19:30 horas. Homenaje a Antonio Machado con motivo del 80 aniversario de su fallecimiento. Introducción y lectura de poemas. Sede nueva del Ateneo en Calle Rodríguez Sánchez, 7 (Hermandades del Trabajo).

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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De un poeta veraz

De Ateneo de Córdoba
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Manuel Gahete en Bodegas Campos. Acto del Ateneo, 2000

Han transcurrido ya algunas semanas; pero la emoción –indeleble- perdura en el recuerdo. En calidad de miembro del Ateneo de Córdoba tuve el placer de presentar, en uno de los abundantes actos culturales que éste organiza, a dos de los cordobeses más notables (cada uno en su respectivo ámbito) que he tenido la fortuna de conocer. El evento en cuestión consistía en una lectura poética a partir de una selección de textos del autor (escritor, en el más amplio y noble sentido de la palabra) Manuel Gahete; mas la voz que revelaba a la concurrencia el sonido de esos versos no era –como resulta usual- la del propio autor, sino una vez asimismo excepcional: la del conocido periodista –locutor radiofónico por más señas- José Antonio Luque.

¿Cómo trasladar al lector lo que allí ocurrió, lo que allí vivimos y sentimos los venturosos asistentes? No es, créanme, tarea fácil. Se dieron cita aquella noche emociones inefables. Tan inefables como lo es la propia poesía de Gahete, que hunde sus raíces en el legado urgente de don Luis de Góngora para que afloren desde ahí fulgores de belleza inaudita, ramalazos de vida vivida y atrapada en el exiguo margen de unos cuantos folios. Poesía refulgente, plena, henchida de hallazgos que tocan con insólita limpieza el ánimo del lector u oyente. Evoco aún con nitidez las miradas como el estado de trance de una pareja de avanzada edad que se encontraba situada en primera fila: miradas prendidas por entero del sortilegio, del hechizo poético desgranado con ritmo exacto por la dicción admirable y pulcra de Luque. Y es que los locutores poseen esa magia que, de alguna forma, electriza las palabras. De ahí, el encanto especial que poseen. Los locutores animan especialmente lo que decimos y le ponen un sentimiento especial.

Si bien no se cumple en su caso el axioma de que nadie es profeta en la propia tierra (su obra despierta entusiasmo en cuantos se acercan a ella, y cuenta ya con copiosos laureles tanto dentro como fuera de aquí), entiendo necesario ensalzar en su justa medida las hechuras de poeta grande de este cordobés de Fuente Obejuna, quien a la sazón, y como aseveró con acierto al término de la velada mi querido amigo Luis Fernández, es más allá de todo lo dicho, nada menos que una buena persona.
Javier Ortega Posadillo
Diario Córdoba, 22 de diciembre de 2000