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Segunda República española en el exilio

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República Española en el exilio se designa a las instituciones republicanas en el exterior que seguían representando la legalidad de la Constitución de 1931 después de la victoria de los nacionales en la Guerra Civil Española. Mantuvieron la continuidad de esa representación entre 1939 y 1977. La sede el gobierno en el exilio se ubicó primero en Ciudad de México para trasladarse el 8 de febrero de 1946 a París, Francia.

Reconstrucción de las instituciones en el exilio y principales actividades

La Diputación Permanente de las Cortes, después de su última reunión en París el 27 de julio de 1939, es reconstituida en México en junio de 1945, convocando a una reunión de las Cortes.

Las Cortes exiliadas se reúnen el 17 de agosto de 1945 en la Sala de Cabildos del Zócalo en Ciudad de México. Se procede a la promesa de Diego Martínez Barrio como Presidente interno y, en sus reuniones del 7 al 9 de noviembre de 1945 en Ciudad de México, a dar su voto de confianza al nuevo gobierno de José Giral. A partir de 1962, el cargo de presidente de las Cortes coincidirá en la persona de los sucesivos presidentes de la República, para evitar que Dolores Ibárruri, elegida Vicepresidenta de las Cortes durante la Guerra Civil, pudiera presidirlas. Durante todo el periodo se siguieron sucediendo formalmente presidentes de la República y nombrando presidentes del gobierno. También mantuvieron su continuidad en el exilio los gobiernos autonómicos vasco y catalán.

Reconocimiento internacional

México fue el primer estado en reconocer al gobierno de la República en agosto de 1945. Tal decisión se mantuvo hasta 1977, cuando se restablecen relaciones diplomáticas con España. Similar colaboración brindó a los exiliados españoles desde su acogida por el gobierno de Lázaro Cárdenas. Otro estado que reconoció hasta 1977 la II República fue Yugoslavia.

Por iniciativa de la delegación de México en la Conferencia de San Francisco de las Naciones Unidas se apoya una moción de repudio al gobierno de Franco y se reconoce al gobierno en el exilio la representación de España. La medida es respaldada por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial en la Conferencia de Potsdam. La Asamblea General de las Naciones Unidas confirma dicha moción en febrero de 1946 y vota en diciembre del mismo año excluir el ingreso del Estado Español ("nacional") al organismo internacional. En 1950 el gobierno de Franco consigue revocar la prohibición de establecer delegaciones diplomáticas para posteriormente ingresar en la ONU como país miembro (14 de diciembre de 1955). Para entonces, los apoyos internacionales del bando vencedor se habían fortalecido hasta romper el aislamiento internacional de posguerra. Empezando, notablemente, por el apoyo del Vaticano (Concordato de 27 de agosto de 1953) y los pactos con los Estados Unidos (mismo año, 26 de septiembre).

Los apoyos del gobierno republicano

Tras el final de la guerra, precipitado por la división interna del bando republicano (que llegó hasta los enfrentamientos armados), los recelos entre los partidos del Frente Popular -y de las facciones dentro de cada uno- se vieron complicados aún más por el cambio de la situación internacional. Hitler, a los pocos días de terminar la guerra en España (1 de abril de 1939), provoca la crisis de Danzig (28 de abril de 1939) que, al no poder ser resuelta eficazmente por Inglaterra y Francia con ninguna política de apaciguamiento como la mantenida hasta entonces, llevó al pacto Germano-Soviético. Esto ponía al PCE en una posición de difícil explicación dentro del campo republicano, y con él al propio gobierno Negrín, cuyo principal referente internacional era la URSS. El comienzo inmediato de la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de 1939), y la posterior invasión de la URSS por Alemania (22 de junio de 1941), volvieron a poner en situación de colaborar, incluso en la lucha, a todos los republicanos, que veían la victoria aliada como la suya propia.

El gobierno Negrín (a pesar de ser éste socialista) estaba sustentado en la práctica tan sólo por el PCE y la Unión Nacional, que controlaba las fuerzas guerrilleras que actuaban en Francia casi como un ejército republicano español reconstituido. Los recelos que suscitaba provocaron que fuera puenteado por la Junta Española de Liberación (JEL), institución creada con vocación de alternativa al gobierno por una reunión en México (noviembre de 1943) presidida por Diego Martínez Barrio (luego sustituido por Félix Gordón de Ordás) y con la presencia significativa de Indalecio Prieto en su secretaría general. Además del PSOE acudieron un puñado de partidos republicanos y catalanes (entre ellos ERC); se evitó convocar a comunistas y anarquistas, y el PNV se negó a asistir. La participación de otras fuerzas como los trotskistas del POUM (a duras penas reconstruido tras los sucesos de mayo de 1937 y los procesos de 1938) ni siquiera se planteaba.

El Toulouse recién liberado pasa a ser la capital informal del exilio, y en él se intenta intensificar la actividades de la JEL al margen del gobierno republicano con las nuevas siglas ANFD (Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, septiembre de 1944) donde a los partidos anteriores se añaden Izquierda Republicana, y los sindicatos CNT y UGT. En octubre se firma el pacto de la ANFD en que se alude a la libre decisión de las formas políticas, en clara referencia a una solución no necesariamente republicana que permita un acercamiento a los monárquicos y las potencias occidentales. También se creó una Agrupación Militar de la República Española afín; todo ello simultáneamente a la nada efectiva invasión del Valle de Arán por los guerrilleros vinculados a la Unión Nacional y a la reactivación del maquis en el interior en los años 1945 y 1946 (interior es el término con que se referían los exiliados y los opositores en general a lo que ocurriera en España).

El gobierno Giral, ya en París, reúne un conjunto mayor de fuerzas, desde el PCE con Santiago Carrillo hasta Castelao (galleguista) y Rafael Sánchez-Guerra (republicano conservador). No obstante, la unidad republicana no existía: una importante corriente socialista, la de Indalencio Prieto, buscaba contactos con los monárquicos (José María Gil-Robles) empujado por los aliados occidentales. Lo mismo hacía un grupo de la CNT. La forma de estado podría decidirse en un referéndum no necesariamente próximo. El PCE y los demás anarquistas buscaban forzar la situación en el interior, considerando posible la caída de Franco. La mayor parte de los republicanos se definen por una política de atentismo (galicismo que significaría inclinación a esperar), esperar la caída de Franco, que se veía inevitable tras las de Mussolini y Hitler.

El Gobierno Llopis (febrero 1947) no prescinde del PCE, como hubiera querido Prieto, y es todo lo plural que se podía, estando representadas organizaciones de todo el arco parlamentario, desde el PNV a la CNT. Una de sus decisiones es encargar a Trifón Gómez el inicio contactos con Juan de Borbón, que no tuvieron éxito. El PSOE abandona el gobierno en julio, para intentar desvincularse de los comunistas (que están saliendo de los gobiernos de Europa Occidental, en plena Guerra Fría).

Los dos gobiernos sucesivos de Álvaro de Albornoz (agosto 1947-1951) sólo cuentan con ministros republicanos, y carecen de apoyos. A partir de estos momentos las instituciones republicanas, aunque persisten, dejan de tener peso: ni contarán en las relaciones internacionales ni serán tenidas en cuenta por los grupos principales de la oposición al franquismo (aparte de círculos de exiliados, figuras intelectuales y escasos vínculos con el interior).

Movimientos de la oposición republicana

La entrevista Prieto - Gil-Robles, patrocinada por Inglaterra en octubre de 1947, no consigue una aproximación clara, y causa problemas a los monárquicos próximos al franquismo. Contradictoriamente, Don Juan se reúne con Franco en el mítico yate Azor (para confiarle la educación de su hijo Juan Carlos de Borbón); al mismo tiempo que permite la firma del Pacto de San Juan de Luz entre el PSOE y la Confederación de Fuerzas Monárquicas (ambas cosas en agosto de 1948, con cinco días de diferencia). Al mismo tiempo que el pacto se hacía público, el PCE decidía (octubre de 1948) acabar las actividades del maquis, reconociendo la incapacidad de acabar con el régimen violentamente y optando por otra política más eficaz, aunque tampoco resolutiva, que vendrá en llamarse de reconciliación nacional, incluyendo la infiltración en los sindicatos verticales (inspiradas por Stalin y aplicadas por Santiago Carrillo). El pacto de San Juan de Luz, ratificado por el congreso del PSOE (Toulouse, 1951), nunca se sustanciará.

La salida del franquismo tuvo que esperar largos años hasta la Transición Española y las elecciones de 1977, en las que sólo dos temas, la República y la unidad de España, estaban vetados (por la Ley de la Reforma Política de Adolfo Suárez) para los partidos que quisieron presentarse. El mismo PCE fue legalizado y, en una famosa rueda de prensa, Santiago Carrillo prescindía de la bandera tricolor para aceptar la bandera roja y gualda.

Disolución de la República Española en el exilio

Después de las elecciones del 15 de junio de 1977, el Presidente de la República José Maldonado y Fernando Valera, Presidente del Consejo de Ministros, emiten la Declaración de la Presidencia y del Gobierno de la República Española en el exilio el 21 de junio de 1977, en París.[1] En dicho texto, reafirman la legalidad institucional emanada de la Constitución de 1931 y de los procesos electorales de 1931, 1933 y 1936, mantenida durante el exilio, en espera del libre ejercicio de los derechos cívicos. Elogian que las urnas marquen un nuevo proceso que crea una nueva legitimidad democrática, al tiempo que señalan la no participación de los partidos republicanos y la no correspondencia equitativa entre el número de votos y escaños asignados. Acaban declarando: Las Instituciones de la República en el exilio ponen así término a la misión histórica que se habían impuesto. Y quienes las han mantenido hasta hoy, se sienten satisfechos porque tienen la convicción de haber cumplido con su deber.

Enlaces externos

Bibliografía

  • Alted Vigil, Alicia. 1993. El Archivo de la II República española en el éxilio 1945-1977 (Inventario del Fondo París). Fundación Universitaria Española. Madrid.
  • Biescas, José Antonio; Tuñón de Lara, Manuel. España bajo la Dictadura Franquista. Labor. Barcelona. 1987 ISBN 8433594303
  • Cabeza Sánchez-Albonoz, Sónsoles. 1997. Historia política de la Segunda República en el exilio. Fundación Universitaria Española. Madrid.
  • Del Valle, José María. 1976. Las instituciones de la República española en exilio Editions Ruedo ibérico; París.

Referencias

  1. Declaración de la Presidencia y del Gobierno de la República Española en el exilio
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