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Noche de San Daniel

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Se denomina Noche de San Daniel o Noche del Matadero[1] a la del 10 de abril de 1865 en la que la Guardia Civil, unidades de Infantería y de Caballería del Ejército español reprimieron de forma sangrienta a los estudiantes de la Universidad Central de Madrid que realizaban una serenata en la Puerta del Sol de apoyo al rector de la misma, Juan Manuel Montalbán que había sido depuesto tres días antes por orden gubernamental por no haber destituido a varios catedráticos —entre ellos Emilio Castelar y Nicolás Salmerón— por sus posiciones contrarias a la doctrina educativa e ideológica oficial establecida por el gobierno de Ramón María Narváez.

Antecedentes

El 27 de octubre de 1864, el Gobierno de Narváez había emitido una circular en la que se establecía expresamente la prohibición de que en las universidades o fuera de ellas los Catedráticos emitieran opiniones por cualquier medio contrarias al Concordato de 1851 o defendieran, entre otras, las posiciones del krausismo.

En marzo de 1865 circulaban por la Universidad madrileña en forma de librillos clandestinos varias obras de contenido krausista que habían sido incluidas en el Índice de libros prohibidos el año anterior. Esta situación dio lugar a las protestas en el seno universitario de los denominados neocatólicos, esto es, los miembros destacados del Partido Moderado más intransigentes a las doctrinas liberales.

Al mismo tiempo, y dada la grave crisis económica de carácter endémico que atravesaba la hacienda pública, el gobierno decidió hacer frente a la misma mediante la enajenación parcial de los bienes del Patrimonio Real, aplicando una parte (el 75%) como ingresos públicos, y el resto entregándolo a la reina Isabel II.[2] Este proyecto de ley provocó la iras del Partido Democrático y del Partido Progresista. Emilio Castelar, catedrático de Historia entonces de la Universidad de Madrid, publicó el día 21 de febrero un artículo en La Democracia titulado ¿De quién es el Patrimonio Real? y, al día siguiente, otro artículo titulado El Rasgo.[3] En ambos se mostraba contrario a que una parte del dinero de la enajenación de los bienes fuera a parar a las manos privadas de la reina, considerando que el Patrimonio Real era Patrimonio Nacional.

Censura y represión

El artículo fue censurado, pero sin embargo fue repartido por Madrid en forma de pasquines y octavillas. A pesar de todo el 3 de marzo se presentó el proyecto de ley en el Congreso de los Diputados. Las críticas se acentuaron y, en aplicación de la circular gubernamental de 1864, el Ministro de Fomento,[4] Antonio Alcalá Galiano exigió al rector de la Universidad Central, Juan Manuel Montalbán, el cese inmediato de Emilio Castelar, contra quien el 8 de marzo se dictaba auto de prisión. A la negativa del Rector, el ministro publicó en la La Gazeta de Madrid el cese del Rector el día 7 de abril, al tiempo que Castelar era desposeído de su Cátedra de Historia.

Con el cese, el mismo día se nombró al neocatólico Diego Miguel y Bahamonde como nuevo Rector. Las medidas provocaron una reacción inmediata de solidaridad con Castelar y Montalbán por parte del profesorado y de los alumnos, dimitiendo de sus puestos, entre otros, Nicolás Salmerón y Miguel Morayta. Con anterioridad, el 4 de abril a través del Diario La Iberia se supo que se iban a tomar medidas represivas y se anunciaba para el día del cese una "serenata" de apoyo de los alumnos al destituido Montalbán.

El Ministro de la Gobernación, Luis González Bravo, lejos de contemporizar y ante la posibilidad de que se celebrase la anunciada serenata, dictó un decreto que permitía al gobierno la suspensión de los derechos constitucionales, la deportación interna de personas no afines, la instauración de la Ley Marcial y la censura de prensa. No obstante el mismo día 7 se había autorizado la serenata por el Gobernador Civil de Madrid, pero inmediatamente fue prohibida por González Bravo. Por orden de éste[5] la Guardia Civil disolvió a los asistentes, cerrando el centro de Madrid los dos días siguientes.

La Noche de San Daniel

El 10 de abril, lunes, el nuevo Rector tomaba posesión de su cargo y juraba fidelidad a la reina. Esto provocó protestas entre los estudiantes y movilizó al Partido Progresista en los barrios del exterior de la capital. Por la tarde, estudiantes, obreros y representantes del Partido Demócrata y del Progresista acudieron a la Puerta del Sol desde distintos puntos con la intención de ofrecer una nueva serenata. Al llegar cerca de Sol, el Ministro González Bravo ordenó a la Guardia Civil cargar contra los manifestantes. En la zona se encontraba también una unidad de Infantería y otra de Caballería que habían sido movilizadas en la mañana para la ocasión. En total unos mil hombres armados.

A la orden de González Bravo se produjeron diversas cargas, con disparos y bayoneta calada. Los manifestantes se dispersaron por las calles adyacentes y trataron de colocar barricadas sin conseguirlo ante la actuación de la Caballería. Durante las sucesivas oleadas murieron catorce manifestantes y ciento noventa y tres fueron heridos de diversa consideración.[6]

Consecuencias

Esa misma noche en el Senado González Bravo expuso las medidas tomadas contra los manifestantes y se expulsó a la prensa de la sesión, cursándose la orden inmediata de censurar lo que al día siguiente habrían de publicar los periódicos. Varios de ellos salieron en esas jornadas con las portadas en blanco. El día 11 de abril, Narváez había convocado Consejo de Ministros extraordinario en el que Alcalá Galiano y González Bravo se enfrentaron por la dureza de la represión, muriendo aquél de una angina de pecho. Al mismo tiempo, varios diarios como Las Novedades, La Iberia, La Democracia, El Pueblo, La Soberanía Nacional y La Nación publicaron un editorial conjunto en el que llamaban a la calma de los liberales y progresistas para no entrar al trapo de la provocación gubernamental. Igual ocurriría los días 12, 14 y 19.

La reacciones políticas se produjeron en los días posteriores en el Senado, pero muy atenuadas debido al temor de ser perseguidos que en ese momento tenían todos aquellos que se opusieran al gobierno Narváez. Salustiano Olózaga, Cánovas del Castillo y Antonio de los Ríos Rosas fueron los más críticos con González Bravo, llegando a retarse en un duelo que terminó sin consecuencias Ríos Rosas y Bravo.

Tras los sucesos de la Noche de San Daniel, Narváez había puesto a prueba la fidelidad del ejército, cosa que había conseguido; pero el conjunto social de la capital se mostraba totalmente en contra. Personas tan dispares ideológicamente como Salmerón, Castelar, Cánovas u Olózaga, mostraban sin pudor la repulsa por la política gubernamental y, de una u otra manera, anunciaban el fin del reinado de Isabel II, contra quien los estudiantes y el pueblo de Madrid mostraban ya su ira.

Bibliografía

  • VV.AA. Historia Contemporánea de España. Siglo XIX. Edit. Ariel. Madrid, 2004.
  • Sosa, L. El rasgo. Un incidente universitario en nuestro siglo XIX. Revista de Estudios Políticos. Madrid, 1944.
  • Espantaleón, Antonio y Pordomingo, Isabel. De San Daniel a San Gil. Revista Historia 16. núm. 53. Madrid, septiembre de 1980.

Notas

  1. ↑ La denominación de Noche de San Daniel la pronunció por vez primera Salustiano Olózaga en un debate parlamentario. La Noche del Matadero era el término usado por la prensa progresista en los días siguientes.
  2. ↑ Era discutible que el Patrimonio Real fuera un bien privativo de la reina, y así lo hizo saber la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación en los informes jurídicos que le solicitó Ramón María Narváez y Campos antes de presentar el proyecto a la reina.
  3. ↑ Los artículos eran distintos y se reprodujeron con distintas fechas y en distintos formatos. El rasgo hacía una referencia burlona del "rasgo" que había tenido a bien conceder la reina Isabel al Patrimonio Nacional. Entre los bienes se encontraban muchos inmuebles situados estratégicamente en zonas de expansión urbana del Madrid de entonces como los alrededores del Museo del Prado.
  4. ↑ El Ministerio de Fomento tenía las competencias en materia de educación.
  5. ↑ La atribución de la orden se hace en ocasiones a Narváez, pero no está confirmada.
  6. ↑ La profesora Estíbaliz de Azua fija la cifra en 93 muertos, pero el resto de las fuentes establece entre 13 y 14.
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