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Matteo Sassano "Matteuccio"

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Matteo Sassano (San Severo, 1667 - Nápoles, 15 de octubre de 1737), apodado Matteuccio fue llamado también El ruiseñor de Nápoles por su voz armoniosa e intensa de una belleza única. Sobresalió de entre sus virtuosos competidores por, a parte de dominar la coloratura y la técnica de respiración perfectamente, poseer el timbre de soprano más bello de entre todos los castrati. La dulzura y embrujo de su timbre le granjeó un sinnúmero de admiradores en toda Europa.

Biografía

Nació en San Severo (Foggia) en el año 1667. Matteo arribó al canto como muchos de sus colegas por el “interés” de un barbero; un medico en busca de muchachos para castrar y llevarlos al arte del “belcanto”. Alessandro Liguoro, el barbero se dirigió a convencer a los padres de Matteo para la castración, los padres dieron la autorización quizá esperanzados por un futuro mejor para el muchacho nacido en una familia pobre y campesina. A diferencia de muchos otros casos Matteo y Alessandro Lugoro mantuvieron una relación estrecha y afectuosa a lo largo de toda la vida. El barbero ayudó mucho al muchacho mientras estudiaba y le consiguió su debut en la Capilla del Palacio Real. En 1694 además se convirtió en su padrastro al desposar a la madre de Matteo que permanecía viuda hacia años. Matteo fue un castrati que coleccionó a lo largo de su vida un gran número de aventuras romántico-sentimentales. Además de poseer una bella voz era un muchacho de “angélica e inquietante belleza” como reportan los escritos de su tiempo, tanto que pudo enamorar a un gran número de muchachas.

Sus Inicios y el divismo

En 1695 fue invitado a cantar en la capilla de la emperatriz con un salario de 3.000 escudos pero no permaneció mucho en Viena pues extrañaban Nápoles donde era muy querido. El éxito estrepitoso se le fue a la cabeza: Era bello, elegante, de buenas maneras y fama internacional pero asoció a sus virtudes los defectos de la arrogancia, el divismo y la imprudencia. Ofuscado por la fama insultó al duque y se negó a seguir sus órdenes. El Duque injuriado ordenó que lo llevaran a prisión pero fue salvado por una Duquesa que sentía devoción por el castrato. Entre 1698 y 1700 sirvió en la corte de Baviera invitado por la reina Maria Anna Moburg, dándose una situación similar a la de Farinelli, la voz de Matteuccio fue usada como método terapéutico para curar la depresión síquica del rey Carlos II. La Reina tuvo oportunidad de oírlo en Nápoles en donde lo convenció. Matteuccio aceptó, no solo por la paga extraordinaria, sino también atraído por la gracia de la soberana. La terapia consistió en cantarle al rey por las noches durante dos años y tuvo un éxito total en el ánimo y la salud del rey, tanto que la soberana de España tomó el consejo de la reina de Baviera y practicó la misma terapia en Felipe V, esta vez usando la voz de Farinelli.

En la corte de Viena

Regresó luego a Nápoles a pedido de la duquesa de Medinacoeli embajadora de España en Roma. Tras su regreso recibió llamados urgentes del Emperador de Austria José II que lo quería en Viena lo más rápido posible. De mala gana “El ruiseñor de Nápoles” abandono su ciudad natal para llegar a la brumosa Viena. Apenas entrando a la ciudad, el cantante se arrepintió y se devolvió inmediatamente a Nápoles diciendo que el clima gélido dañaría su delicada voz. Aun así terminó cediendo ante las peticiones del Emperador y volvió a Viena donde su fama creció aún más. Entre las mujeres se convirtió en el favorito y lo llevaron a situaciones muy tensas por culpa de una especialmente celosa que lo amenazó. Volvió a Roma donde provocó grandes escándalos por sus caprichos de divo. Aun así su carácter vanaglorioso venia perdonado siempre por su estupenda voz y arte canoro, tanto que se usaba el “Cantar como Matteuccio” para indicar cuando se cantaba suavemente.

Su Retiro

Cantó ininterrumpidamente hasta 1708, año en el que interpretó al “Vincitor Generoso” de Lotti y en Bologna en el “Fraticida Inocente” del mismo compositor, tras lo cual se retiró de la carrera escénica dedicándose completamente a cantar en la Capilla Real de Nápoles donde cantaba y dirigía al mismo tiempo. Acumuló gran cantidad de dinero, retirándose al final de su carrera a una lujosa casa en Nápoles. A los 70 años aun cantaba con “Una voz que parecía de un muchacho” cada sábado en la Capilla Real de Nápoles.

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