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Ermesenda de Carcasona

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Ermesenda o Ermesinda de Carcasona (972 - Gerona, 1 de marzo de 1057), fue regente del Condado de Barcelona con los títulos de condesa de Barcelona, condesa de Gerona y condesa de Osona. Hija de Roger I de Cominges o Rogerio el Viejo, conde de Carcasona, y de Adelaida de Gévaudan (Francia). Casó hacia 992 con Ramón Borrell, que sucedió el 30 de septiembre del mismo año, después de su casamiento, a su padre Borrel II, en el gobierno del condado de Barcelona.

Era Ermesinda de singular hermosura y ánimo varonil. Por largo tiempo figuró en la corte de Barcelona, ya rodeada de los jueces de corte y sentada en el escaño del Tribunal administrando justicia en presencia de sus vasallos y ausente su esposo, ya cabalgando al lado de este en la guerra y acompañándole en sus expediciones militares. Tanta intervención en el gobierno la aficionó excesivamente al mando, y su afición dio origen a varios disturbios muy graves en los días de Berenguer Ramón I y Ramón Berenguer I.

Murió Ramón Borrell legando la corona a su hijo Berenguer I "el Curvo"; pero como éste era todavía un niño de trece a catorce años según los documentos de la época, empuñó las riendas del Estado la condesa viuda Ermesinda, en calidad de tutora y regente. La dejó su esposo tan favorecida en su postrera voluntad, y de tal manera supo ella apoderarse de la mayor parte de los negocios, que su hijo tuvo que luchar constantemente contra sus ambiciosas pretensiones.

Se ha dicho que alrededor del año 1018, siendo Ermesinda regente del condado de Barcelona, llamó a una gavilla de normandos que pirateaban por el Mediterráneo, acaudillados por su capitán Roger, para pelear contra los sarracenos que infestaban las costas de Cataluña y que formaban la soldadesca de Mudjehid, emir de Denia y de las Baleares. Acudiendo a este llamamiento los normandos, mataron innumerables legiones de musulmanes y se apoderaron de muchas ciudades y castillos. Roger, al decir de los que refieren este suceso, mandaba descuartizar diariamente a uno de los prisioneros, y cocido en calderos lo daba a comer a los otros, aparentando que él y sus soldados comían también de aquel manjar de antropófagos. Luego ponía en libertad a uno de aquellos infelices para que fuese a contárselo a sus compatriotas. Aterrorizado con esto, añaden, el emir Mudjehid pidió la paz a Ermesinda y se ofreció a pagar tributo a los barceloneses. Ermesinda, agradecida con el servicio que le prestó Roger, lo casó con una hija suya en recompensa. Esta es la historia, mejor dicho, esta es la fábula que se cuenta; y lo peor es que le han dado crédito hombres de talento reconocido como Capmany y Romey. Nada absolutamente hay de verdad en ella. Ni fueron llamados los normandos, ni existió ese caudillo Roger de quien se habla, pues el capitán de los normandos era entonces Ricardo, ni se casó con ninguna hija de Ermesinda, ni Ermesinda tuvo más hijo que Berenguer el Curvo.

Sólo dos años aproximadamente estuvo regentando el condado Ermesinda, pues según aparece de varios documentos, se deduce que en 1020 actuaba ya como conde soberano el joven Berenguer Ramón. A medida que Berenguer Ramón fue entrando en alguna edad y tomó estado, empezó a resistir la intervención y prepotencia que su madre quería tener aún en los negocios, originándose así graves disturbios de familia y muchas reyertas y pleitos. Estos calmaron, por fin, gracias a la mediación del obispo de Gerona, Pedro, hermano de Ermesinda. Se estableció un convenio entre madre e hijo, convenio que la misma Ermesinda cita en el sacramental que prestó a su hijo en 1024, empeñándole treinta castillos con sus pertenencias en seguridad de la paz y pactos que le había jurado, y prometía de nuevo guardarle en recíproca de otro empeño y sacramental de la misma clase que su hijo le había también otorgado; pero se ignora cuáles fueron los pactos que aquí se citan, no pudiéndose inferir, por la absoluta independencia con la que luego gobernó el conde, que hubiesen convenido madre e hijo en gobernar simultáneamente, como suponen Diago y Pujades.

Algunos escritores han afirmado que Ramón Berenguer I "el Viejo", sucesor (1035) de su padre Berenguer Ramón I, estuvo también bajo la tutela de su abuela Ermesinda; pero es un error el creerlo así después de los documentos sacados a plaza por don Próspero de Bofarull. No puede negarse, antes es una verdad, que Ermesinda quiso y logró realmente introducirse algunas veces, después de la tutela, en el gobierno de su hijo Berenguer Ramón, y que, aprovechándose de la prematura muerte de su hijo y de la menor edad de su nieto Ramón Berenguer, volvió en esta ocasión a su tenaz propósito de mandar, causando gravísimos disturbios en la familia; pero en ningún documento se apoyan los que creen en esa tutela, y, por el contrario, todos los datos que existen inducen a probar otra cosa muy distinta. "Si examinamos el testamento del conde Ramón Berenguer I el Curvo (dice don Próspero de Bofarull), que es quien como padre debió prevenir un caso tan interesante como éste, hallaremos que ni mención siquiera hizo de su madre doña Ermesinda, ni ordenó la menor cosa en cuanto a la tutela de su primogénito y sucesor don Ramón, antes le supone entonces en estado y aptitud, no sólo de poder gobernar sus condados, si que también los de sus hermanos Sancho y Guillermo, a quienes deja bajo la bailía o tutela del mismo primogénito, ya fuese porque la prematura prudencia, talento y prendas de este hijo le dispensasen de la dependencia de un tutor, o ya porque a hurtadillas de su madre doña Ermesinda, de la que tenía sobrados motivos para desconfiar, hiciese este encargo en diferente documento, que se nos oculta, a alguno, o mejor a todos los magnates o señores de sus Estados, confiándoles el gobierno de ellos durante la peregrinación a Roma que proyectaba, como así lo dio a entender después el mismo primogénito y conde don Ramón en la carta de dote que el año 1039 hizo a favor de su primera esposa doña Isabel, cuando dice que contraía aquel matrimonio "per voluntatem Dei atque seniorum (magnates) electione" sin nombrar tampoco a su abuela doña Ermesinda de la que seguramente recelaba ya en su primera edad. Es cierto, sin embargo, que ésta disputó, ansiosa de mandar, constantemente con su nieto. Éste repudió a Blanca, su segunda esposa, y contrajo nuevo matrimonio con Almodis de la Marca. Su abuela aprovechándose quizá del repudio de Blanca, consiguió que el Papa Víctor II lanzara contra los condes de Barcelona una doble excomunión instada la una, según parece, por Ermesinda, y la otra por la misma Blanca.

Durante las regencias de Ermesinda, la aristocracia inició el proceso de feudalización de Cataluña, enfrentando a los príncipes con la Iglesia. Ermesinda recibió el apoyo de consejeros como Gombau de Besora, el juez Ponce Bonfill Marc y el abad de Ripoll, así como de su hermano Pedro Roger de Carcasona, obispo de Gerona. También colaboraron los prelados partidarios de la reforma gregoriana como el Abad Oliba.

Ermesinda se ocupó de la iglesia y animó nuevas fundaciones, como el capítulo de la Catedral de Gerona, el monasterio femenino de San Daniel en Gerona o el masculino de Sant Feliu de Guixols.Ermesinda llegaba a los últimos años de su vida y arrepentida o desesperanzada llegó por fin a acuerdos con su nieto, después de tantas riñas y escándalos, cediendo, el 4 de julio de 1056, a los condes Ramón Berenguer y Almodis todos sus pretendidos derechos al condado de Barcelona y a varios castillos, por el precio de 1000 onzas de oro, precio harto miserable para el valor de sus demandas, si ella misma no hubiera confesado su poco derecho en la escritura de venta, o más bien de restitución. Prestó Ermesinda a sus nietos los debidos juramentos y comprometió a hacer levantar las excomuniones que el Papa Víctor II les había impuesto a causa suya y de la repudiada Blanca. Las 1000 onzas de oro que cobró las invirtió en la fábrica del tabernáculo de la catedral de Gerona, de la que era muy devota y bienhechora, y proyectó en seguida a realizar una peregrinación, muy común entre los catalanes de aquellos siglos, a las iglesias de los Apóstoles Santiago de Galicia y San Pedro y San Pablo de Roma, por lo cual otorgó testamento a 25 de septiembre de 1056, con importantes donaciones a Roma, nombrando albacea a su mismo nieto, si bien luego le revocó esta confianza. Se ignora si llevó realmente a cabo esta peregrinación proyectada, pero es de suponer que no fuese así, atendida su avanzada edad de ochenta y cinco años y su muerte inmediata, que tuvo lugar el 1 de marzo de 1057 en la casa que habitaba en el condado de Osona cerca de la iglesia de San Quírico y Santa Julita, y que algunos creen se trata del castillo de Montesquiu. Fue enterrada en la catedral de Gerona.

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