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Condado de Barcelona

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El condado de Barcelona corresponde al territorio regido por los condes de Barcelona entre el siglo IX y el siglo XVIII, desde donde se formó históricamente Cataluña como una entidad política.

Orígenes

Sus orígenes se remontan al siglo VIII, cuando con motivo de la Invasión musulmana de los dominios del Reino visigodo y su posterior expansión sobre la actual Francia, la confrontación entre los francos y las fuerzas musulmanas condujo a una respuesta defensiva de los monarcas carolingios, consistente en la creación de la denominada Marca Hispánica. Esta se realizó mediante la dominación de los territorios del sur de Francia y del norte de la Península Ibérica y derivó en la formación de un conjunto de pequeños condados. La dominación franca se hizo efectiva tras la conquista de Gerona (785) y principalmente, cuando, en el año 801, la ciudad de Barcelona fue conquistada por el rey de Aquitania Luis el Piadoso (o Ludovico Pío) y es incorporada al reino franco, estableciéndose en ella el condado de Barcelona, con dependencia del rey franco. El primer conde de Barcelona fue el hispanogodo Bera (801-820).

Inicialmente, la autoridad condal recayó en la aristocracia local, tribal o visigoda, pero la política de Bera, favorable a preservar la paz con al-Ándalus, motivó que fuera acusado de traición ante el rey. Tras perder un duelo, según la tradición jurídica visigoda, Bera fue destituido y exiliado, y el gobierno del condado pasó a nobles francos, como Rampón o Bernardo de Septimania. Sin embargo, la nobleza visigoda recuperó la confianza real con el nombramiento de Sunifredo I de Urgel-Cerdaña como conde de Barcelona en 844.

Pese a todo, los lazos de dependencia de los condados catalanes con respecto a la monarquía franca se fueron debilitando. La autonomía se consolidó al afirmarse los derechos de herencia entre las familias condales. Esta tendencia fue acompañada de un proceso de unificación de los condados hasta formar entidades políticas más amplias. El conde Wifredo el Velloso, hijo de Sunifredo y último conde nombrado por los reyes francos, representó esta orientación. Consiguió reunir bajo su mando una serie de condados y transmitirlos en herencia a sus hijos. Aunque Wifredo, muerto a manos de los musulmanes, dividió sus condados entre sus hijos, el núcleo formado por los condados de Barcelona, Gerona y Osona se mantuvo indiviso (si bien algún historiador, como Ramon Martí, cuestiona que Gerona se mantuviese inicialmente bajo el dominio de los hijos de Wifredo, y sugiere que la casa de Ampurias dominó el condado hasta el año 908).

El condado independiente

Durante el siglo X, los condes de Barcelona reforzaron su autoridad política y se fueron alejando poco a poco de la influencia franca. En el 985 Barcelona, entonces gobernada por el conde Borrell II, es atacada e incendiada por los musulmanes, liderados por Almanzor. El conde se refugia entonces en las montañas de Montserrat, en espera de la ayuda del rey franco, pero no aparecen las tropas aliadas, lo que genera un gran malestar. En el año 988, en el reino franco termina la dinastía Carolingia y es sustituida por la dinastía Capeta. Borrell II es requerido para prestar juramento de fidelidad al nuevo rey franco, pero no consta que el conde barcelonés acudiese a la llamada, pues el rey franco tuvo que acudir al norte a resolver un conflicto. Esto ha sido interpretado como el punto de partida de la independencia de hecho del condado. La independencia de iure fue obtenida por el rey Jaime I en el tratado de Corbeil (1258).

Posteriormente, el condado de Barcelona va creciendo en importancia y en territorio con los sucesivos condes. Va absorbiendo otros condados de la Marca Hispánica y se expande hacia el sur gracias a las batallas contra los árabes. Así, por ejemplo, Ramón Berenguer III se casa con Dulce de Provenza, por lo que parte de ese condado se une al de Barcelona, formando progresivamente un espacio territorial muy similar al de la actual Cataluña.

La creación de la Corona de Aragón

Sin embargo, otro matrimonio, el de Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón crea una unión dinástica compuesta por el condado de Barcelona y el reino de Aragón, que siglos después se conocerá como Corona de Aragón. Ramón Berenguer IV fue hasta su muerte conde de Barcelona y príncipe de Aragón. El hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey de Aragón que a su vez fue Conde de Barcelona, títulos que heredarán a partir de entonces todos los reyes de la Corona de Aragón. Ambos territorios mantendrán sus cortes y derecho propios.

Durante los siglos XIII y XIV, el condado seguiría siendo regido por los condes de la casa de Barcelona, pero con motivo del Compromiso de Caspe, la titularidad del mismo pasó a la dinastía Trastámara, originaria de Castilla, mediante la coronación de Fernando I de Aragón. Posteriormente, la unión dinástica entre las coronas de Castilla y Aragón comportaría la inclusión del condado en los territorios regidos por los Austrias.

La extinción del condado de Barcelona

A pesar de la vinculación del condado a la monarquía hispánica, el Derecho propio del condado de Barcelona se mantuvo vigente hasta que fue abolido en 1714 con los Decretos de Nueva Planta, tras la Guerra de Sucesión española. Desde entonces el condado deja de ser una entidad política y el espacio político de la actual Cataluña sólo volvería a definirse como tal mediante los estatutos de autonomía de 1932, 1979 y 2006.

Por otra parte, el título de conde de Barcelona es ostentado actualmente por el titular de los derechos a la corona española, Juan Carlos I, quien se lo donó a su padre Juan de Borbón, revirtiendo a su muerte a los títulos de la Corona española, pues es un título Real.

Bibliografía

  • Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Vol. 4. Alianza Editorial, Madrid, 1991.
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