Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Miércoles 16 de mayo, 19:00 horas. Tertulia Poética, asistirá como poeta invitada Juana Castro.

Jueves 17 de mayo, 20:30 horas. Charla ilustrada "La copla flamenca en su contexto histórico, político, económico y social". A la palabra: Pepe Carmona, al cante: Paco Dios y a la guitarra: Rafael Ruz.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIII Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo V Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2017
en el Real Círculo de la Amistad.

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Agustín Gómez en el Ateneo de Madrid

De Ateneo de Córdoba
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Agustín Gómez conversa con el poeta Luis Jiménez Martos en el Ateneo de Madrid
El Ateneo de Córdoba, esta noche, se siente confortado y pletórico al poder conciliar, en este fraternal encuentro, la palabra, la voz, el pensamiento y la cultura.

Tenemos la fausta sensación de estar reviviendo un segmento de la historia, un fragmento del tiempo que ocuparon otros hombres antaño, quizás en situación no tan propicia, sometidos sin duda a ominosas presiones, pero con la enseña de la imaginación y un talento creador progresista indiscutible.

Muchos siglos separan los Ateneos clásicos, donde poetas y oradores leían sus obras, de los primeros Ateneos surgidos en Francia a finales del siglo XVIII. La diosa virgen, guerrera y pacífica paradójicamente, protectora de la ciudad y defensora legítima del espíritu y la razón, recuperaba también en España, poco después y por primera vez, un recinto sagrado entre estas paredes que hoy acogen el humilde presente de nuestro corazón y nuestro nombre. Alcalá Galiano, Manuel Flores Calderón y el Duque de Frías inauguran en 1820 el "Ateneo científico y literario" que hoy ya cumple 171 años.

La nefasta situación política de aquella época y un gobierno sin luces, que se ensaña peligrosamente con intelectuales y artistas, obligó a clausurar el germinal Ateneo a los tres años del renacimiento. La mesura no era entonces moneda vigente y la eclosión devino en óbito: orto y ocaso. Doce años más tarde, en 1835, otro grupo de hombres sobresalientes, entre los que se encontraban comediógrafos como Bretón de los Herreros, dramaturgos como Ventura de la Vega y Martínez de la Rosa, poetas como Espronceda y articulistas del Costumbrismo como Mesonero Romanos fundaron el segundo Ateneo madrileño al frente del que se hallaba el insigne aristócrata cordobés, dramaturgo y poeta, Sángel de Saavedra y Rodríguez de Baquedano, duque de Rivas, posteriormente electo presidente de la Real Academia. Córdoba jugaba entonces un papel relevante en el arranque de una institución que perdura en nuestros días con idéntico impulso. Sabedores de nuestra misión, consciente de la creciente necesidad y fuerza de la cultura en nuestro tiempo, no obviamos ocasión alguna para ponderarla en la voz y las obras de los hombres que enarbolan el emblema de la Creación Artística y su defensa.

Esta noche, en el Ateneo de Madrid de tan grata memoria, presentamos, aunque ésta no sea la designación más ajustada a la realidad de un hombre que nos anuncia, al ilustre flamencólogo cordobés Agustín Gómez. Este nombre es, por antonomasia, representativo del Arte Flamenco en toda España. Muchos testimonios de reconocimiento y admiración lo han demostrado; páginas y páginas impresas con su nombre revalorizan cada día el sentir y la autoridad de quien esta noche proclama la magia y el origen de nuestras tradiciones: su figura entrañable, su personalidad ardida aglutina y conforma la sensibilidad dramática de todas las tendencias del flamenco.

El Ateneo de Córdoba conoce el acierto pleno de haber elegido a Agustín Gómez, entre otros muchos posibles, para servir de bastión y portaestandarte en una empresa cuyo fin y meta últimos deberán ser escritos más allá incluso de las vidas y las obras de los hombres que las concibieron y propulsaron. Su nombre y su palabra han inaugurado, con todo merecimiento, una Colección de Libros que pretende ser demostrativa de la realidad cordobesa en primera instancia y universal por instinto: El flamenco es vida abre el Arca del Ateneo y nuestros ojos a la sorpresa.

Agustín Gómez, hijo de Montilla y de El Lucero, émulo digno de sólida formación, audaz defensor del flamenco, arcilla y agua del sentimiento lírico de un pueblo, dedicado en cuerpo y alma a este arte tan nuestro al que, según su propia palabra, debemos arraigarnos para no perder la identidad de nuestras tradiciones; Agustín Gómez –reitero- transmite cuando escribe, cuando habla, cuando canta, la historia de su vida. Su palabra interesa y entusiasma incluso a aquellos que jamás se han preocupado por el flamenco andaluz. Y es que, aun siendo el centro álgido en que se modelan las directrices básicas de un compendio de flamencología, su obra adquiere superior influencia de lectura. Está dicha y escrita con hondura de auténtico amador del flamenco, con la emoción amena y desenfadada de un conocedor del pueblo y de sus gentes, con el estilo inconfundible de un escritor amante de la belleza, con el carácter nato de un erudito que sabe desmenuzar profusa y ágilmente el bagaje cultural de nuestros ancestros.

Mi palabra rememora hoy el lenguaje de una vida entregada a la resurrección perpetua de nuestra más ferviente tradición folklórica. Porque el folklore no es la extravagante y grotesca efusión de los instintos: es el cáliz de la savia de toda una cultura, la imbricación congénita del amor y el dolor de Andalucía. Folklore es ciencia: la ciencia de las tradiciones, usos, creencias, leyendas, canciones y literatura populares. No podemos, por tanto, desvirtuar su sacro estigma, su carisma tuitivo, su sello indeleble. Es sabio el hombre que respeta y propaga la razón y el sentir de los pueblos: Montaigne, Thomas Browne, James MacPherson, Herder, Machado, Caro Baroja, Agustín Gómez. Nuestro egregio folklorista, que ha elevado su voz sobre las geografías más cercanas y distantes; nuestro flamencólogo amigo es el más autorizado acento para clamar que el flamenco es vida realmente, que somos incompletos si olvidamos los labios que cimbran vibrando, las manos enredadas en el aire, las notas inefables de la guitarra rasgándose en silencio.

Cuando escuchemos su voz, su proverbial oratoria y su exquisito decir maculado por la sal y la gracia andaluzas, percibiremos esta transmisión intuitiva que nos acerca a comprender toda la profundidad humana y artística que encierra el universo desgarrado del “cantaor” flamenco, de los hombres que respiran intensamente, en su voz y su alma, el ardoroso deseo de la vida y la muerte en el cante.

Junto a Agustín, esta noche, afirmando el eco poderoso de su acento, Manuel Silveria, arrancando a las cuerdas lo más puro de un corazón de llanto. Y en Agustín, siempre solícito a la llamada, el sueño enamorado, una eterna historia de amor, toda una vida consagrada al flamenco. Para todos vosotros, amigos, en este lugar que rememora silencios intemporales, la música de un pueblo, la pasión y el sentimiento enardecido de una hierofanía profana –y no por ello menos espiritual- que nace y renace eternamente por la garganta y la frente de Agustín, concibiendo una diosa guerrera y generosa que abrasa con mesura, que nos embriaga con un vino rojo y dulce y nos devuelve al origen, a la fiebre del alma y su epidermis de fibras más dolidas. Esta noche de nuevo la magia de la luz y las sombras, del ardor y las lágrimas, de la vida que late como un fruto maduro en la voz y el acento del hombre y la guitarra.

Ya, con todos ustedes, Agustín y el flamenco, arte y ciencia, tradición y futuro.
Manuel Gahete, Portavoz del Ateneo de Córdoba.
Presentación de Agustín Gómez en el Ateneo de Madrid, 25 de octubre de 1991